Nigeria, las “Super Águilas” del oro

Nigeria, las “Super Águilas” del oro

En 1996, el fútbol fue una vez más el elemento de unión entre una sociedad que estaba sumergida en una inestabilidad política, social y económica. En la década de los ochenta y los noventa, la figura de Sani Abacha emergió a través de dos golpes de Estado que favorecieron la llegada al poder por parte de Muhammadu Buhari, en 1983 y 1985. Militar, Abacha consiguió escalar posiciones posiciones de poder de forma imparable, hasta ser el décimo Jefe de Estado de la República Federal de Nigeria.

Disfrazado como presidente, si se le quita esta vestimenta, mostró una dictadura militar que marcó una página oscura de 5 años (1993-1998) en el séptimo país más poblado del mundo, marcado por su ansia de poder en el sector petrolífero y por su violación de los derechos humanos. Un lustro en el que Abacha casi se cargó al mejor equipo africano de la historia.

 

El fútbol paga los platos rotos

En los noventa, Nigeria tenía dos héroes. El escritor Ken Saro-Wiwa y los combinados nacionales de fútbol. El primero, es uno de los tantos seres humanos que perteneció al pueblo Ogoni. Esta minoría étnica ha sido el blanco perfecto del poder nigeriano desde los años 50. En contra de este abuso racista-económico, Saro-Wiwa se consagró como portavoz y presidente del Movimiento para la Supervivencia del pueblo Ogoni (MOSOP). Su espíritu activista fue el inicio causante de su injusta muerte. Consciente de esto, inició una serie de marchas en enero de 1993 por los derechos de su pueblo y por el posicionamiento favorable de Abacha con las grandes multinacionales que explotaban los recursos naturales del Delta del Níger. Especialmente, la empresa de hidrocarburos Shell. Es decir, las minorías étnicas de la zona estaban siendo vendidas a cambio de petróleo e inmensas cantidades de dinero para Abacha.

Las protestas de los MOSOP son exitosas y esto provoca que el campeón del petróleo tenga que interrumpir su producción. Abacha ve como su plan se frustra pero como buen militar estratégico que era, sacó su carta y a su vez su cara más terrorífica. La ejecución marcó un episodio de sangre en la historia de Nigeria que se convirtió en la causa internacional más importante del momento. Asimismo, centenares de ogonis son encarcelados y otros acabaron en la lona dando su último respiro. En 1995, Saro-Wiwa es ejecutado y su muerte provoca que el tablero geopolítico tome riendas en el asunto.

Y el primero en golpear fue Nelson Mandela. Madiba desgastó su comunicación para intentar convencer a Abacha de que no estaba haciendo lo correcto pero su esfuerzo quedó en vano. ¿La respuesta? Nigeria fue suspendida de la Commonwealth africana. Es en este punto cuando el segundo héroe entra en escena. La selección de fútbol se encuentra con una prohibición para jugar la Copa de África de 1996 gracias a los enfados infantiles de Sani.

 

 

La toma del ministerio por los aficionados nigerianos

Ante tal anuncio, Lagos, la capital, quedó desolada en lo anímico. Ver a la selección era una de las pocas distracciones positivas para que los nigerianos se evadieran de los problemas del país. Se tocó uno de los opios del ser humano y los fanáticos asaltaron el Ministerio de Deportes. Para los más jóvenes que lean esta pieza, en aquel momento la selección de Nigeria era el vigente campeón y además practicó un fútbol ofensivo en el Mundial de 1994, que a pesar de caer en octavos de final ante Italia, fue el combinado más entretenido de ver tras varias encuestas realizadas a los espectadores a lo largo de todo el campeonato.

 

Un caos olímpico para Nigeria

Si bien es cierto que Nigeria disputó los Juegos Olímpicos de 1996 en Atlanta, su preparación no fue la adecuada. Su clasificación para este evento fue gracias a una victoria reñida sobre Kenia, que puso muchas dificultades en aquel partido preliminar. Por otro lado, además de estar introducidos en la incertidumbre política, los jugadores nigerianos se vieron envueltos en una decisión inesperada.

Tras un amistoso ante Togo que finaliza con una derrota de 3-1, el público dio una sonora pitada que hizo que el entrenador  Jo Bonfrere quedase en el filo del alambre para la Federación. Ya unos meses antes, el neerlandés estuvo a punto de dimitir por impagos en su salario. En ambas, fue salvado por sus jugadores.

“Si vas a enviar a Bonfrere a su casa, entonces tendrás que encontrar nuevos jugadores, porque nosotros no jugaremos si él no está”, Daniel Amokachi, uno de los delanteros de aquella Nigeria

La tormenta de inestabilidad no cesó durante todo el torneo. Alojados en Tallahassee (Florida), el objetivo del cuerpo técnico eran que los futbolistas se centraran puramente en lo deportivo pero fue imposible. Aspectos como la falta de dinero, las amenazas de la NFF y la falta de recursos lacraban el progreso del mejor equipo del continente africano por aquel entonces. Además, el racismo que sufrieron los futbolistas en su lugar de concentración fue descarado. El personal del hotel se negó a lavar las camisetas porque asumían que los jugadores nigerianos podían tener el sida.

“No había dinero en el campamento y, en general, la mayoría de nosotros usamos nuestras propias tarjetas de crédito para alquilar autobuses que nos llevaban a las sesiones de entrenamiento”, aseguró el ex delantero Viktor Ikpeba en Goal.

Peleas, racismo y gloria

El camino hacia el oro no fue fácil. En el seno del vestuario, hubo constantes peleas verbales, como reconoció el portero Joseph Dosu. En concreto, por la supuesta falta de compromiso de algunos integrantes que estaban más pendientes de firmar contratos que con la cita olímpica, como Nwanko Kanu con el Inter de Milán o Tijani Babangida con el Ajax.

El liderazgo de Jay-Jay Okocha fue clave en la primera fase. Nigeria consiguió pasar como segundo de grupo, empatada a puntos con Brasil (primera) y Japón (tercera). En cuartos de final, vencieron a México, de nuevo liderados por Okocha pero con un equipo que empezaba destacar todos sus nombres, como tres años antes en el Mundial sub-17, torneo que ganaron. Celestine Babayaro empezó a proyectarse como el que iba a ser el mejor lateral africano de la historia, Kanu fue un dolor de cabeza para las defensas rivales, escoltado siempre por un gran Emmanuel Amunike y un cumplidor Daniel Amokachi.

El resto fue magia. Nigeria se encargó de sepultar a las dos potencias sudamericanas como Brasil y Argentina. Dos partidos que quedaron para la historia del fútbol. En las semifinales contra los cariocas, se fueron al descanso perdiendo por 3-1. Aquella Brasil de Roberto Carlos, Bebeto, Romario, Rivaldo o Ronaldo sucumbió a un final loco, en la que Nigeria anotó tres goles entre los minuto 78 y 94.

“El fútbol es lo único que nos une a Nigeria. Para la gente de mi país, es el día más feliz de nuestras vidas”, afirmó un emocionado Okocha en el postpartido.

En la final ante Argentina, se consagró otra remontada. Con 2-1 en contra a falta de 15 minutos, Nigeria logró llevarse la medalla de oro con un gol a balón parado que finalizó el maltratado Amunike, siendo esta vez el padre de toda una nación.

 

Nigeria es oro

Una noche en la que el pueblo nigeriano fue libre, colándose en los estudios de las televisiones o desnudándose por las calles. También en la que un pequeño John Obi Mikel, que se encontraba estudiando en su escuela por la noche, lloró como nunca y fue el día que decidió ser futbolista. Quizás la definición perfecta de aquella generación y de aquel torneo la dio Kanu nada más acabar el partido: “Argentina es buena, Nigeria es oro”.

 

 

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