Luca Orellano, un crack silencioso

Luca Orellano, un crack silencioso

Luca Orellano siempre soñó con jugar en la Primera de Vélez Sarfield, y aunque su físico al principio no le acompañó, hoy es la estrella que más brilla en el José Amalfitani.

 

El lado más personal de Luca Orellano

Entre toda la maraña de barrios que teje la provincia de Buenos Aires, nos situamos en Francisco Álvarez, perteneciente al Partido de Moreno, el cual se ubica en el centro-este de la comarca. Unos 35 kilómetros separan a esta localidad del barrio de Liniers, a donde Luca Orellano se desplazaba nada más salir de la escuela para entrenar con su querido Vélez, en el que lleva ya 12 años. Su mamá, Silvana, era quien agarraba el volante del carro cuatro días por semana con un único destino: que su niño cumpliese el sueño de ser la estrella del Estadio José Amalfitani. Estos viajes, de un total de una hora aproximadamente, no fueron en vano, y ese deseo hoy es realidad; Luca es el jugador más destacado del primer equipo de Vélez, tiene contrato hasta 2023 y su valor supera ya los ocho millones de euros.

Hace varias décadas, el escritor bonaerense Jorge Luis Borges clamó: ”No hables a menos que puedas mejorar el silencio”. Luca Orellano, un siglo más tarde, predica con el ejemplo. Los que más le conocen le describen como un ”nene” introvertido, humilde y muy trabajador; aptitudes que un buen ”alpinista” del balompié necesita llevar en su mochila para alcanzar la cima. A Orellano le repugnan las excentricidades; se aleja de los focos, habla lo justo y necesario y deja que su rendimiento en la cancha sea el encargado de alzar la voz.

 

Cuando nadie confiaba en el pequeño Luca

Sacarte el carnet del coche, aprobar todas las asignaturas de la carrera en el tiempo ”conveniente”, encontrar un trabajo, tener hijos… Un ”sota, caballo y rey” vital que desgasta muchísimo; un pozo al que eludir para no caer en la ansiedad y la depresión. Mejor desvíate del sendero, deja a un lado al rebaño y abandona la infinita cola de lo políticamente correcto. Sin miedo.

Asombrosamente, ”dar el estirón” también se cuela en esa lista exigencias cuando eres pequeño. Algo que, lógicamente, no depende de ti, pero que algunos adultos parecen imponerle al bajito de la clase o del equipo. Es precisamente en el mundo del fútbol donde este estúpido lastre se lleva al extremo; muchos entrenadores parecen incluso enojarse contigo si tu estatura no es la ”adecuada”. Uno de los mayores absurdos habidos y por haber, y que lleva triturando buenos futbolistas desde que el primer cuero tocase la tierra. ¡Calma, por favor!

Luca Orellano, como tantos otros ”locos bajitos” fue víctima de este disparate. Aunque ahora mide 1,77, en edad infantil este apenas llegaba al 1,60. Por esta razón, tardó en relucir; sus diferentes entrenadores le exigían paciencia. ”Tu momento llegará, Luca. Estás muy flaco y los rivales podrían lastimarte”, le decían. ”Boludeces” que lejos de hundir a Orellano, le hicieron más fuerte. Culpable de esta demora fue también Benjamín Garré, compañero de nuestro protagonista por aquel entonces y joya de la corona de la cantera de Vélez. En 2017, el actual pelotero de Racing Club voló hasta Reino Unido para firmar por el Manchester City, cambiando el transcurso de la carrera de Orellano para siempre.

La marcha de Garré desencadenó la erupción del ”volcán Orellano”. Esa temporada, Luca pateó en Quinta División, y tras derribar los estúpidos clichés acerca de su físico, hizo ver a todo el mundo que estaba para algo grande. De esta forma, en el verano del 2018, Gabriel Heinze lo llamó para que realizase la pretemporada con la Primera de ”El Fortín”.

 

Luca Orellano: el líder del líder

Fue precisamente el ex-zaguero argentino el que lo hizo estrenarse en la máxima competición nacional; corría el 25 de noviembre del 2018 en la ciudad de Santa Fe cuando Luca Orellano, con el ”32” a la espalda y solo 18 años de edad, cumplía uno de sus sueños.

Sin embargo, el punto de inflexión en la carrera del habilidoso enganche es la llegada de Mauricio Pellegrino al club. Con el ex-entrenador de aquel Alavés que alcanzó la final de Copa, el ”14” se ha afianzado en el primer plantel, donde su excelente estado de forma le ha servido para acaparar todas las miradas.

La campaña pasada, el futbolista tenía el rol de revulsivo y aún disputaba algún que otro partido con el filial. Este año, Pellegrino no ha querido esperar más y le ha otorgado la titularidad; ya son 10 las veces que ha salido de inicio, consiguiendo ver puerta en 4 ocasiones y con 3 asistencias en su cuenta particular.

¿Cómo juega Luca Orellano?

El técnico de Córdoba suele dibujar un 4-2-3-1, en el que Orellano se coloca en banda derecha. Su timidez fuera del terreno de juego contrasta mucho con su actitud sobre el verde, donde el descaro es su mayor baza; el joven zurdo encara siempre que es posible, y aunque suele meterse hacia el medio para disparar con su pierna natural, también gambetea hacia fuera, poniendo centros de calidad con su pierna menos hábil. Es muy rápido sin balón, pero aún más con él, donde su gran conducción con el cuero ”cosido” al pie hacen de este un talento único. Físicamente, ha vuelto a demostrar que aquellos entrenadores que le pedían paciencia se equivocaban; entrenado por Pellegrino, el cual demanda a sus extremos un mayúsculo sacrificio defensivo, este registra interesantes cifras, como el 49% de duelos ganados o el 1,4 de ”tackles” realizados por partido.

A sus 21 años, la nueva estrella del José Amalfitani domina todos los registros, por lo que Vélez deberá apresurarse para que nadie se lo robe; los 8 millones de cláusula se antojan insuficientes para retener al ”crack silencioso” y escuadras como el Nápoles están ya al acecho.

 

 

TP Mazembe, el rey de la selva

TP Mazembe, el rey de la selva

El Tout Puissant Mazembe, además de pentacampeón de África, es el único club de su país que ha alcanzado una final de Mundial de Clubes. Hoy repasamos la historia de los congoleños, así como su excelso palmarés y su actualidad.

 

RD Congo, un corazón que bombea fútbol

Hablemos de la complejidad del cuerpo humano. Esta podría equipararse a una cadena de montaje, en la que el mínimo despiste de uno de los empleados, hará que todo se vaya al garete. El continente africano funciona de una forma similar; compuesto por más de 54 países, en su pecho se halla la República Democrática del Congo. Esta nación, maniatada en tiempos pasados por los colonizadores belgas, es el órgano vital de todo el continente. Dicho corazón, regado por el río que lleva su mismo nombre y estimulado por las aterciopeladas praderas de la Sabana, bombea sangre al resto de vísceras que constituyen la ‘’biología africana’’.

Durante un tiempo, a este Congo (no confundir con la República del Congo) se le pasó a llamar Zaire. En el 1974, cuando esta denominación estaba aún vigente, su selección de fútbol logró clasificarse para el Mundial; un hecho insólito, una forma excepcional de dar visibilidad al “continente olvidado”, ese al que los prismáticos solo apuntaban con el objeto de averiguar qué bien preciado podrían arrebatarle en esa ocasión. Ese mismo año, Los Leopardos cosecharon su segunda Copa África.

La Liga Profesional de Fútbol del país es la Linafoot, en la que descollan conjuntos como el Motema Pembe, el AS Vita Club o el TP Mazembe, rey de la selva y culpable de que hoy se conciban estas líneas.

 

 

TP Mazembe: La religión de la pelota

Religiosos y apasionados del fútbol. Potencialmente, sujetos independientes; realmente, individuos interrelacionados. ”Dementes” que han entregado todo lo que tenían a estas disciplinas en busca de que, algún día, Dios o su equipo, hagan de su vida una andadura más placentera.

La religión mayoritaria en la República Democrática del Congo es la católica, como en casi toda África. Hace ya casi un siglo, unos monjes benedictinos del Instituto San Bonifacio, en la actual Lubumbashi, incorporaron la práctica del fútbol al libreto de actividades extraescolares, pensando en aquellos que no tomarían el camino del señor. De esta forma, el agua bendita cayó sobre la frente del Saint Georges FC; bautizo por todo lo alto y nombre de apóstol para el recién nacido.

Y de un apóstol, se pasó a otro. Georges fue destronado por Paul y el equipo pasó a llamarse Saint Paul. Más tarde, la economía se impuso a la fe y una marca de neumáticos lo rebautizó nuevamente: Football Club Englebert. No fue hasta el 1966, período en el que lograron un triplete, que se gestó el nombre actual: Tout Puissant Mazembe, el ”todopoderoso” Mazembe.

Apelativo que no fue en vano, pues ”los religiosos” no se retrasaron en la obra de su primer milagro: la consecución de su primera Liga de Campeones de la CAF en 1967. Le siguieron otras cuatro, una al año siguiente y un trío en el siglo posterior. Cinco metales continentales que, unidos a sus 17 ligas y 5 copas, encumbraron a Los Cuervos a la cima de la selva.

 

El fútbol como herramienta colonizadora

Dice el refrán que ”la fe mueve montañas”. Incluso mares si estos osan interponerse entre esta y sus metas. Escudados por esa fe, los congoleños surcaron las aguas en el año 2010 para embarcar en los Emiratos, donde dejarían bien marcada su huella.

El TP Mazembe aterrizó en Abu Dabi como la ”cenicienta” de los participantes; no era extraño, puesto que el Continente Negro, aún recuperándose de un infierno que mancillará por siempre sus memorias, se había quedado un tanto obsoleto en lo que al fútbol se refiere. Sin embargo, tras derrotar a Pachuca y ajusticiar a Internacional, Los Cuervos se colaron en la gran final, donde el Inter de Samuel Eto’o les endosó un doloroso, aunque reconfortante 3 a 0.

Reconfortante porque, aunque las derrotas siempre lastiman, las hay que tienen su parte dulce, y esta la tenía. Millones de personas habían visto al ‘’David congoleño’’ batallar sin cesar ante el ”Goliat italiano”, despertando por fin cierto interés hacia el continente olvidado. El TP Mazembe no izó la copa, pero consiguió tornar los papeles de la historia por unos instantes; ellos eran ahora los colonizadores, y a través del fútbol y no de la violencia, levantaron los primeros asentamientos ”bantúes” en las retinas y corazones de americanos y europeos.

La cadena de montaje ”made in Africa” se expandió un ”pelín” más aquel día, para alegría de todo su organigrama. La buena labor de todos sus miembros, especialmente de su corazón, engrandeció su reputación y resquebrajó alguna que otra barrera. África, pese a todos las vallas que se ha ido encontrando en la carrera de la modernización y ”europeización”, siempre ha estado ahí; en silencio, esperando su turno, sabedora de su potencial. El TP Mazembe nos lo recordó en aquel mundialito, aunque aún restan infinidad de puentes por construir.

 

El presente del TP Mazembe

El ”todopoderoso” Mazembe llevaba sin ser comandado por un paisano’ desde el 1981. Mihayo Kazembe, ex-capitán de Los Cuervos y líder de aquel equipo que retó al Inter de Milán, creyó que iba siendo hora de remediar esto, por lo que desbancó a Drazan Cvetković y se puso al frente del equipo.

Hoy, el Tout Puissant encabeza la Linafoot, con 50 puntos y sin conocer aún la derrota tras 24 envites. La nota negativa ha estado en la CAF, en la que el Mamelodi Sundowns, de Sudáfrica, le ha noqueado dos veces en fase de grupos. No obstante, lo más lógico sería que ambos avanzasen de ronda.

Aunque todo está aún por resolverse, el Rey de la Selva ya ha recorrido más de la mitad del sendero que conduce al trono. Un derrotero en el que hienas y virus acechan por igual, pero en el que el gurú Kazembe reducirá todos los males que le salgan a su paso. En la piedra más elevada de la Sabana, esa en la que el viento agitó la melena de Simba, reposa ya la que podría ser su 18ª corona.

 

Álvaro Fidalgo, un mariachi con acento asturiano

Álvaro Fidalgo, un mariachi con acento asturiano

Álvaro Fidalgo, una de las perlas de la cantera del Real Madrid, emigró a México DF hace apenas un mes para unirse al Club América. Allí se ha reencontrado con Santiago Solari, actual entrenador de los Azulcremas y artífice de su fichaje.

 

Álvaro Fidalgo, la génesis

Allá donde el frío te hace caminar encorvado, donde los paisajes parecen sacados de un cuento fantástico y, donde los domingos de fútbol, el sol desaloja su escondite para intensificar el verde de esa botella que tan felices pone a los paisanos. Asturias, mina de futbolistas de la talla de Villa, Cazorla o Mata, vio también medrar a Álvaro Fidalgo.

Natural de Hevia (Siero), Álvaro dio sus primeras patadas con la casaca del Condal de Noreña, uno de los históricos de la región. El ahora centrocampista no tardaría demasiado en despuntar; con una camiseta que ocultaba sus rodillas y unos diminutos pies que hacían lo propio con la pelota, Fidalgo pronto cambiaría de equipo. El Real Oviedo tocó su puerta, y este tomó las estrechas carreteras que derivan en ”El Requexón” para enfundarse la azul.

Tras cinco años de carbayón, Álvaro decidió cambiar de bando; el azul por las rayas rojiblancas, el interior por la costa, el Oviedo por el Sporting de Gijón. Los gijoneses atrapaban así a una de las joyas del fútbol español, aunque ambos sabían que Mareo era solo un trampolín para brincar solo dos años más tarde hasta Valdebebas.

 

Un asturiano en el Real Madrid

”Allá donde se cruzan los caminos, donde el mar no se puede concebir, donde los asturianos se sienten como en casa, y donde Fidalgo maravilló a Chamartín…Pongamos que hablo de Madriz”, ciudad a la que nuestro guaje llegó con 15 años para ingresar en la Academia del Real Madrid.

En territorio merengue, Fidalgo continuó exhibiendo sus soberbias dotes futbolísticas. Aquel niño bajito con cara de no romper un plato, se transformaba en mastín en cuanto olisqueaba el césped. A su desparpajo con la bola, se le soldaba esa garra norteña tan característica, ese extra que les hace únicos, dentro y fuera del ”prao”. Pues ya lo canturreó Melendi, y es que to’ buen asturiano no sabe de rendición.

Tras quemar su etapa juvenil, el inexperto futbolista se marchó cedido a un Rayo Majadahonda que evaluaría de qué material estaba hecho ese pequeño ”minero”. A pesar de escapársele la titularidad en el tramo final del curso, este demostró que estaba forjado en hierro, así que retornó a Valdebebas una vez finalizados los Play Offs de ascenso.

Santiago Solari primero, Manolo Díaz más tarde, y en especial Raúl González Blanco, quedaron encandilados con el talento de Álvaro desde el primer entreno. Tanto es así, que este último le retuvo una temporada más en el Castilla pese a contar con un sinfín de pretendientes en Segunda e incluso en Primera División. El ‘7’ le entregó el ’10’, el brazalete de capitán y la manija de un filial en el que sería de partida en 27 de los 28 encuentros disputados.

 

 

De Castalia al Azteca

Con 22 años y tras arrasar en 2ªB, iba siendo hora de subir de nivel. En un glacial mercado de verano en el que las novias ya no excedían, fueron dos las escuadras que más se interesaron por el joven pelotero. La opción A era su anhelado Sporting, empecinado en su regreso al ”Templo”. Sin embargo, tras la discordia entre ambas partes, sería el CD Castellón quien se llevase el gato al agua en el periodo estival.

Aunque le llevó un tiempo aclimatarse, el polivalente centrocampista terminó por convencer a Óscar Cano, el cual le utilizó tanto en el doble pivote como en la mediapunta. Sin embargo, cuando destituyeron al granadino y Juan Carlos Garrido ocupó su lugar, este fue relegado de nuevo al banquillo. Fue entonces cuando sucedió: el América, club más popular de México y al cual dirige Solari, su mentor, hizo sonar su celular.

Y así, rompiendo todos los esquemas, Álvaro Fidalgo cruzó el charco. Pero no para ”adornarse” en la que a priori es una liga chiquita. No, nada de eso. El centrocampista emprendía el vuelo rumbo México DF con un deseo, el de convertirse en el precursor de una nueva ”escuela” de futbolistas españoles: los que se van a América para triunfar, y no solo para retirarse plácidamente. De este modo, el asturiano empaquetó de nuevo sus enseres, sin olvidarse del verdoso vidrio que impregnaría Ciudad de México de una nueva fragancia: la de la sidra. Tocaba escanciar en el Azteca.

 

 

¿Cómo juega Álvaro Fidalgo?

La cantera del Real Madrid es muy asidua al 4-3-3. En este esquema, Fidalgo solía jugar en uno de esos dos interiores que acompañan al pivote. Sus aptitudes combinativas y de presión hicieron de la posición del ”8” su zona de confort durante su estancia en el club blanco.

Sin embargo, la llegada de Raúl al banquillo desencadenaría su reubicación en el campo en numerosos choques; encuentros en los que Álvaro partía de banda, y no desde el centro como acostumbraba. Con este ajuste, las presiones en salida y tras pérdida son más efectivas y, a la hora de tener el balón, ganas un centrocampista con el que acumular por dentro, construyendo un rombo que genera superioridad en la medular, para terminar golpeando por fuera, con laterales rápidos y profundos, muy típicos de filial.

Desde su desembarco en el América, Álvaro ocupa la posición de enganche en lo que parece ser un 4-2-3-1, aunque en el partido ante Tijuana jugado hace unos días, el del Principado comenzó en la banda, asumiendo un rol similar al ya explicado. No despeguen sus ojos del televisor ”güeys”, pues un nuevo mariachi con acento asturiano es ahora el que alegra los corazones en Ciudad de México.

 

Schalke 04, tragedia minera en Gelsenkirchen

Schalke 04, tragedia minera en Gelsenkirchen

El FC Schalke 04, uno de los emblemas del fútbol alemán, se encuentra al borde de la desaparición y se ha convertido en uno de los peores equipos de Europa esta temporada.

 

Schalke y minería, juntos de la mano

La época dorada del conjunto del FC Schalke 04 coincide con la del esplendor de la minería. Al mismo tiempo, su popularidad también se vio acrecentada con la instauración del nazismo en Alemania en 1933. Desde ese año hasta el 1942, Los Mineros se colaron en nada menos que 14 finales nacionales, hito que les hizo convertirse en el equipo más popular del país.

A medida que el carbón entintaba la economía de Gelsenkirchen, los mineros del Schalke 04 continuaban picando en la mina del triunfo; allí donde los visitantes salían intoxicados y sin el mineral más preciado, la victoria, cada vez que descendían a Glückauf-Kampfbahn, galería primigenia del Schalke. Tanto es así, que el primer doblete oficial en el país teutón lo cosecharon los azules. Ocurrió en la 36/37, cuando bajo a la atenta mirada del Fürher, que curiosamente era hincha de los de Rin-Ruhr, el Schalke se hizo tanto con la liga como con la copa.

Sin embargo, a medida que la hulla empezó a escasear en los pozos de Gelsenkirchen, el club se fue debilitando, como si ambos dos constituyesen un ente único. Entre los 50 y 60 del siglo pasado, el sector minero del país teutón se vio afectado por una mayúscula crisis que desembocó en el cierre de casi la totalidad de las minas de la región. En los 80, solo cinco minas resistían en pie en Gelsenkirchen. Simultáneamente, el Schalke se sumergía en una depresión económica sin precedentes que le haría ausentarse de la Bundesliga tres veces en diez años.

 

 

Esto sí es una crisis: ¿El fin del Schalke?

Es frecuente hablar de crisis en el mundo del fútbol; en cuanto un equipo encadena una mala racha de de juego y resultados, los periódicos ya llenan sus hojas con esta fea palabra. Pero, ¿qué es realmente una crisis? El Schalke, con un par de ellas a sus espaldas te lo puede mostrar, y a su vez demostrar, que lo de tu equipo no es una crisis, sino un resbalón o un simple descuido.

En el 1998, se ”derrumbaba” el último pozo minero en Gelsenkirchen. Schalke y ciudad, lejos de sollozar bajo los escombros de carbón, buscaron reinventarse. La defunción de la minería trajo consigo una profunda modernización del sector servicios en la Cuenca del Ruhr, y el arte y la cultura se erigieron como soportes principales de la economía local. Fue precisamente en el 98 cuando, a modo de tirita, el Veltins Arena (Arena AufSchalke en esos momentos) abría su telón.

Tras décadas de bienestar, la segunda de estas recesiones estaba al caer. El ”Crack del 2020” comenzó en mayo, en aquel Derbi del Ruhr post-confinamiento en el que los mineros se llevaron un duro correctivo y en el que todo el planeta fútbol miraba a aquel césped en busca de recuperar la ilusión perdida. Antes de esta cita, en diciembre del 19, el Schalke era quinto con 30 puntos, y solo se encontraba a tres del que después fuera campeón, el Bayern de Múnich.

Si bien es cierto que los problemas económicos del Schalke ya asomaban la cabeza por aquel entonces, con unas deudas que rozaban los 200 millones de euros, la espléndida situación del equipo cegaba a los hinchas, inmersos en esa buena racha. Sin embargo, con la llegada de la pandemia y la vuelta a a los desangelados terrenos de juego, ese cebo en forma de buenos resultados se esfumó, saliendo todos los escándalos económicos a la luz.

 

¿Qué le espera al Schalke?

”El Schalke se encuentra en una encrucijada”, declaraba Alexander Jobst, miembro del consejo de administración del club, hace solo unos meses. Este añadió que tras la dimisión de Clemens Tönnies, ex-presidente del equipo, deberían prepararse para realizar grandes ahorros y reconsiderar los objetivos deportivos. Este aviso fue emitido en verano, y ya hacía presagiar la hecatombe. Hoy, el FC Schalke 04 bate récords, aunque negativos; 9 puntos en 22 jornadas, tres victorias si juntamos Liga y Copa y un reconocimiento jamás antes alcanzado por la institución: ser el peor equipo del continente. Además, el runrún de la desaparición empieza a resonar por toda Europa.

David Wagner, el que fuera entrenador de los azules durante el descalabro, fue relevado por Manuel Baum en octubre, aunque de nada sirvió. Huub Estevens cogió el testigo, pero antes de aclimatarse, ya estaba haciendo las maletas. Con toda la fe del mundo llegó Christian Gross, que es el que ha conseguido los fugaces triunfos mencionados anteriormente.

”When it rains, it poors”. Lo que en español viene a ser algo así como ”cuando algo va mal, siempre puede ir a peor”. A la fiesta de las dimisiones y las deudas, también se quisieron apuntar las lesiones. Lesiones de estandartes como Salif Sané o Nabil Bentaleb que  hurgaron aún más en la herida. Se intentó revertir la situación con el regreso de Mustafi, Kolasinac  o el ”inagotable” cazador Klaas-Jan Huntelaar , aunque la sensación es la de que aunque sea Leo Messi el que arribe en Gelsenkirchen, el Schalke no saldrá del pozo. Pues es muy probable que un hilo rojo no te una a nada ni a nadie, mas cuando la sangre minera corre por tus venas, no habrá aguja capaz de sacártela. La codependencia Schalke 04-hulla es infinita, y si uno se hunde, así lo hará el otro.

 

Defensa y Justicia, más vale tarde que nunca

Defensa y Justicia, más vale tarde que nunca

Días después de que Hernán Crespo renunciase a su cargo como técnico de Defensa y Justicia, toca retroceder en el tiempo para analizar el árbol genealógico del actual campeón de la Copa Sudamericana, aupado por vez primera a la máxima categoría del país hace solo seis años.

 

Capítulo 1: El baldío

Había una vez, en la ciudad de Florencio Varela (Buenos Aires), un grupo de amigos que solían tomar mate y charlar de fútbol desde que el ”Sol de Mayo” le daba la bienvenida al día hasta que este se iba apagando para cederle su luz a la pálida luna. Durante una de esas quedadas en la Calle Mitre, uno de los pibes vislumbró entre la maleza un descampado que a posteriori se convertiría en su particular cancha. Tras infinitos ”picados” en aquel arenoso baldío, a los muchachos se les encendió la bombilla:

+ ¿Por qué no fundar un equipo de fútbol? – dijo uno.

– Lo veo bien, pero nos falta el nombre, boludo. – contestó otro.

* Lo llamaremos Defensa y Justicia, que suena muy lindo. – atestó este último

Todos ellos coincidieron, firmando así la primera página de las memorias de El Halcón. Un prólogo en el que todavía se pueden hallar restos de gravilla. Esa que tantas veces les había hecho sangrar en aquellos partidillos con un cuero pelado y en el que las rodilleras de tu chándal son las grandes damnificadas.

Pese a mantenerse su apelativo original (cuyo significado aún se desconoce), hay algo que el tiempo, o simplemente el marketing, han modificado: sus colores. El azul y el blanco, los cuales homenajeaban a la bandera de la nación, dejaron paso al verde y al amarillo recién iniciados los 80 por motivos comerciales y económicos.

 

Conviértete en profesional: Defensa y Justicia 78′

Defensa y Justicia, inmerso desde la primavera del 35 en una especie de modo carrera del FIFA integrado por partidos y torneos comarcales de los que siempre salía vencedor, optó por afiliarse a la AFA en el 1977 . ”Basta de boludeces” gritaría alguno de los promotores de la idea, segundos antes de agarrar enojado el mando de la ”consola” y pulsar la X para zambullirse en un nuevo modo de juego: ”Conviértete en profesional”.

Un curso más tarde, y con la prisa del que tiene la impresión de haber estado perdiendo el tiempo, Defensa y Justicia ya contaba con un hermoso feudo y con todos los permisos requeridos para ingresar en el Torneo de Primera D. En su debut, delicioso como alfajor relleno de dulce de leche, El Halcón superó a Cañuelas por 2 a 1, adjudicándose así los primeros tres puntos de su historia.

 

 

Defensa, paciencia y justicia: Historia de Argentina

”Paciencia y silencio, virtud de los grandes”. Expuesta por el escritor Paulo Neo hace un tiempo, esta frase sería un apropiadísimo eslogan para sus compatriotas de Defensa y Justicia. Si bien es cierto que los bonaerenses no tardaron demasiado en trepar la cuerda futbolística de su país, con dos ascensos en apenas diez años, sus éxitos recientes tienen como fórmula secreta esta infravalorada virtud: la paciencia.

En el 1997, Defe anotaría en su currículo uno de sus más prestigiosos trabajos hasta la fecha, cuando se despidió de la Primera B (Tercera División) y promocionó por fin a Primera Nacional. Como obsequio, los de Florencio Varela fueron invitados a dar la vuelta olímpica en el Nuevo Estadio Centenario de Quilmes.

Domiciliados en la División de Plata durante décadas, los de la Avenida Humahuaca cruzaron las puertas del edén balompédico 7 años atrás. Ese árbol de la paciencia que habían plantado, aparentemente marchito, vio como una apetitosa manzana brotaba por primera vez de sus ramas en el 2014. Contradiciendo a la Biblia, esta fruta no estaba prohibida, y aquel que la mordiera no sería expulsado del elíseo, sino que tendría acceso a este. El paraíso era la Primera División Argentina, y esta historieta no tenía como protagonistas a Adán y Eva, sino a Diego Cocca y Juan Martín Lucero, míster y máximo pelotero de Defensa y Justicia en aquella celestial campaña.

 

 

El mejor gol de Hernán Crespo: Campeones de la Sudamericana

Quién le iba a decir a Crespo que su mejor gol no sería tras un poderoso testarazo, o tras humillar a defensores y arquero dentro del área de castigo como nos tenía acostumbrados. 328 anotó el bueno de Hernán durante su periplo por América y Europa; El Monumental, San Siro o el Ennio Tardini, hogar de su querido Parma, veían peligrar sus cimientos cada vez que ”El Valdanito” alojaba la bola en el fondo de las mallas y, pese a todo, su gol más festejado fue el que marcó al comienzo del 2021 para Defensa y Justicia, equipo para el que curiosamente nunca pateó.

Hernán Jorge Crespo cambiaba Banfield por Defensa y Justicia hace apenas un año. El ex-delantero argentino fue el escogido para acaudillar a Defe en su temporada de estreno en Libertadores. Su andadura en el torneo fue efímera, y tras ser apeados por el Santos, tuvieron que conformarse con competir en la Copa Sudamericana, la ”Europa League” de Latinoamérica, en la que fueron superando rondas hasta llegar a la gran final, en la que se medirían a Lanús. Finalmente, tras dar un ”clinic” en defensa y acciones combinativas, el fútbol impartió justicia y El Halcón izó el trofeo a un cielo donde el Sol de Mayo que inauguró este artículo teñía de verde algunos de sus rayos para sumarse al festejo.

Hace unos días, Crespo y Defe separaban sus caminos. El destino del técnico parece estar en Brasil, donde dirigirá al Sao Paulo. Sin embargo, esto no es un adiós, solo un hasta pronto, ya que un pedacito del corazón del Valdanito estará siempre en la Avenida Humahuaca, dentro de la vitrina que resguarda ese precioso metal cosechado en enero.

 

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